Por Guillermo Rodríguez Hidalgo
Matanzas (29 sep).- «EL JUEVES habrá un reconocimiento a “Tati” Valdés y necesito saber si puedes cubrirlo», me dijo el decano de la narración deportiva en Matanzas Pancho Soriano.
Medité unos segundos para comprobar que no me coincidiría con otro trabajo y rápidamente le respondí: «¡Está bien, yo voy!».
Las oportunidades “son calvas y hay que cogerlas por los pelos”, me decía mi papá desde pequeño. ¿Cómo perder entonces la de conversar con el zurdo más ganador de la pelota cubana?
Al llegar al museo Palacio de Junco para cumplir mi misión como reportero quedé estupefacto. Nunca antes tuve la posibilidad de ver a tantas glorias deportivas reunidas en un mismo lugar.
El motivo de la visita era el mismo: reconocer a Jorge Luis “Tati” Valdés. Todos esperábamos impacientes la llegada del campeón olímpico de Barcelona’92, quien apareció segundos después acompañado de ese otro grande que responde al nombre de Rigoberto Rosique.
Quien le ve ahora, consumido por el paso de los años, no imaginaría que es uno de los mejores lanzadores que han pasado por las series nacionales.
Casi no lo dejo terminar de saludar a sus compañeros y le salgo con el “madero” dispuesto a conectarle, algo que muy pocos podían hacer: «Valdés, ¿te puedo hacer una entrevista?»
Su respuesta llegó con la modestia que pocos poseen en estos tiempos: «Claro, cuando quieras», y sin perder un ápice de tiempo comenzamos el diálogo.
¿Por qué tu mamá te puso “Tati”?
Desde pequeño me perdía para el estadio, me subía en las matas de coco, tiraba piedras… Casi nunca iba a la escuela porque lo único que quería era estar en un campo de béisbol. Debido a mi intranquilidad fue que mi madre me puso así, y ya ves que me conocen más por “Tati” que por Jorge Luis.
¿Cómo llegas al béisbol?
Comencé a practicarlo a los 10 años en mi natal Jovellanos, gracias al entrenador Víctor Secada, que me vio aptitudes. Jugué tres años infantiles hasta que me captaron para la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE), donde estuve cinco, y después llegué a las series nacionales.
Comienzas en la de 1977, pero necesitaste esperar 16 años para alcanzar el título de Cuba. ¿Por qué tanto?
Matanzas siempre tuvo buenos equipos, pero los demás también tenían calidad. Tuvimos que esperar hasta 1990, cuando reunimos uno de los conjuntos Henequeneros más fuerte que participó en series nacionales, en aquella ocasión bajo las órdenes de Gerardo “Sile” Junco.
¿Si menciono Citricultores y Henequeneros qué responderías?
Son parte de mi vida, en Citricultores comencé y Henequeneros me dio los dos títulos nacionales: 1990 y 1991.
Debutas con el uniforme de las cuatro letras con derrota frente a Puerto Rico en los Juegos Centroamericanos de La Habana en 1982. ¿Cómo asumiste ese inicio?
Me sentí muy mal, pero lo más importante fue que me repuse, al extremo que no volví a perder en eventos internacionales durante los 14 años que estuve en los equipos Cuba.
¿A qué se debe esa forma tan elegante que tenías al lanzar?
Me ayudó mucho la elasticidad que adquirí con los ejercicios de estiramiento. Estos movimientos los perfeccioné cuando jugué en Japón, por la rigurosidad que tenían los entrenamientos.
¿Momento más feliz?
Cuando le propiné cero hit cero carrera a Villa Clara.
¿Y el más difícil?
Cada vez que perdía un juego, sobre todo cuando eran por una carrera, que fueron varios.
¿Cómo recuerdas ese no hit no run al fuerte equipo de Villa Clara?
Yo no sabía que estaba dando no hit no run hasta que en la séptima entrada Félix Isasi me dijo que me concentrara que tenía que lograrlo. En la novena se quedaron al bate el segundo, tercero y cuarto hombres, y recuerdo que Víctor Mesa me gritaba desde el banco (ríe): «Si no lo das ahora no lo vas a dar nunca»… Me esmeré y dominé a Pedro Jova, el propio Víctor y Héctor Olivera (padre).
¿Pensaste que te podían romper la marca de 234 victorias en series nacionales?
Yo pude haber ganados más, aunque reconozco que los récords son para romperse y más si lo hace un hombre de la calidad de Pedro Luis Lazo.
¿El mejor lanzador de la pelota cubana?
(Hace una pausa y medita unos segundos) Hay varios: Rogelio García, “Changa” Mederos, Braudilio Vinent, el “Curro” Pérez, entre otros.
¿Equipo ideal?
Casanova en el derecho; Víctor en el center, Gourriel en el izquierdo, Linares en tercera, Germán como torpedero, Pacheco y Padilla en segunda, Kindelán en primera y Castro como cátcher.
¿Qué te gusta hacer en los tiempos libres?
Escuchar música, estar en la casa.
¿Algunos de tus descendientes va a seguir tus pasos?
Hasta ahora no. Tuve un sobrino, Liván Valdés, que participó en un mundial juvenil, pero no siguió en la pelota.
¿Por qué han desaparecido los zurdos con calidad en Cuba?
Hay buenos lanzadores zurdos, con recursos, pero no sé si es que tienen miedo, a veces quieren aprender a lanzar en el juego y es en los entrenamientos donde se perfeccionan cada uno de los lanzamientos. En ocasiones los pítchers quieren tirar siete tipos de lanzamientos y en realidad no dominan con ninguno.
¿Bateador más difícil?
Lázaro Vargas (se ríe). Siempre me daba dos o tres.
¿Nunca te dolió el brazo?
Yo me preparaba muy bien, entrenaba a diario, incluso el día que me tocaba lanzar.
¿Qué le recomiendas a las nuevas generaciones que sueñan ser como Jorge Luis Valdés?
Tengan siempre presente que para llegar a ser como Jorge Luis Valdés o como otros excelentes lanzadores que han pasado por nuestro béisbol hay que esforzarse, prepararse bien, ser inteligente, saber cambiar de un bateador a otro, conocer para dónde conectan los hombres del equipo contrario…
¿Ves cerca un título nacional para Matanzas después de 20 años de espera?
Pienso que sí. En la serie anterior estuvieron bastante cerca y considero que en la campaña 53 hay que contar con los Cocodrilos.
Algún mensaje para los aficionados que siempre te apoyaron en tus salidas al montículo y ahora te recuerdan como el mejor zurdo de nuestras Series Nacionales.
Gracias a todos los que depositaron su confianza en mí. Creo que sin su apoyo no hubiera llegado hasta aquí…









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